
Del 17 al 27 de mayo de 2026 tuvo lugar en Porto Alegre (Brasil) la segunda fase del Curso Internacional Teresiano (CIT) «En misión con otros y otras», organizado por la Compañía de Santa Teresa de Jesús. En representación de la Fundación Escuela Teresiana participaron la hermana Patricia Aguiar, directora del área de Pedagogía, y Ramón Eliseo Fernández, director general de la FET.
El encuentro presencial daba continuidad a una primera etapa desarrollada durante los meses anteriores, en la que personas de diferentes países, y también representantes de la FET, habían reflexionado y compartido experiencias en torno a los distintos ámbitos de la misión teresiana. El CIT nace con la voluntad de dinamizar esta misión en toda su pluralidad, fortalecer el sentido de misión compartida desde el carisma teresiano y generar espacios de conocimiento, formación, reflexión y relación entre las diferentes provincias, obras y ámbitos de misión.
La etapa de Porto Alegre reunió a representantes de las distintas realidades de la Compañía para profundizar en el camino iniciado y, sobre todo, para mirar juntos la realidad y discernir cómo responder a ella desde una misión cada vez más conectada y articulada en red. Durante diez días se sucedieron espacios de análisis, reflexión, formación, oración, diálogo y trabajo compartido que permitieron ir construyendo una mirada común.
Uno de los elementos centrales del encuentro fue el análisis de la realidad y el mapeo de la misión teresiana. El trabajo realizado previamente en las diferentes provincias, obras y ámbitos permitió poner en común cómo nuestra misión entra hoy en contacto y responde a seis grandes desafíos señalados a partir del XVIII Capítulo General: la vida amenazada, la movilidad humana forzada, la diversidad cultural, la falta de sentido vital, el entorno digital y la polarización social y política.
Este ejercicio permitió contemplar la enorme riqueza y diversidad de la misión teresiana en el mundo, pero también descubrir desafíos compartidos y reconocer las posibilidades que se abren cuando dejamos de mirar cada realidad de manera aislada. El mapeo puso especialmente de manifiesto la importancia de las redes y alianzas y ayudó a identificar nuevas oportunidades de colaboración entre obras, provincias, países y ámbitos de misión.
El proceso fue conduciendo progresivamente hacia una cuestión de mayor profundidad: cómo pasar de ser muchas realidades que comparten un mismo carisma a reconocernos y actuar verdaderamente como un único cuerpo apostólico. Como expresó posteriormente la Hna. Ángela Cuadra, coordinadora general de la Compañía, el encuentro supuso un cambio de mirada, pasando de una comprensión centrada principalmente en los propios ámbitos o territorios a reconocernos formando parte de una misión común.
De este proceso de escucha, discernimiento y construcción conjunta nació un propósito que quiere orientar el camino de la misión educativa teresiana en los próximos años:
«Posibilitar una convivencia transformadora para una vida digna».
Este propósito expresa un horizonte común desde el que articular las respuestas a los grandes desafíos de nuestro tiempo. No pretende uniformar las diferentes realidades ni sustituir la responsabilidad de cada provincia, institución u obra, sino conectar lo que ya somos y hacemos, compartir aprendizajes y capacidades y ponerlos al servicio de un horizonte mayor. Como señala la carta enviada al finalizar el encuentro, trabajar en red no significa crear todo de nuevo, sino reorganizar y conectar lo que ya existe en torno a un sentido común.
Para la Fundación Escuela Teresiana, participar en este proceso tiene una significación especial. La FET desarrolla su misión educativa en España a través de sus colegios, pero no entendemos nuestra identidad de manera aislada. Formamos parte de una realidad teresiana mucho más amplia, presente en numerosos países, culturas y ámbitos de misión.
Participar en el CIT nos ha permitido experimentar de manera especialmente intensa esa pertenencia. Encontrarnos con hermanas y laicos de realidades muy diferentes, conocer proyectos educativos, pastorales y sociales, escuchar otros contextos y descubrir preocupaciones comunes amplía nuestra mirada y nos recuerda que nuestra misión forma parte de algo mucho mayor.
Por ello, desde la FET acogemos y hacemos nuestro el propósito nacido en Porto Alegre: «Posibilitar una convivencia transformadora para una vida digna». Queremos contribuir, desde nuestra realidad educativa y desde aquello que podemos aportar como Fundación, a la construcción de esta red internacional teresiana, compartiendo experiencias y aprendizajes y estando abiertos a aprender de las respuestas que están surgiendo en otros lugares.
Este compromiso nos invita también a mirar nuestros propios colegios desde una perspectiva más amplia: preguntarnos cómo estamos respondiendo a los desafíos que afectan a nuestro alumnado, nuestras familias y nuestras comunidades educativas; reconocer dónde necesitamos avanzar; y descubrir qué podemos aprender y qué podemos ofrecer a otros. Ser red implica sentirnos corresponsables de una misión que supera los límites de nuestros propios centros.
Más allá del intenso trabajo realizado, Porto Alegre fue también una experiencia profundamente humana. Los tiempos compartidos, las conversaciones, la oración, las celebraciones, el conocimiento de otras realidades y la convivencia cotidiana fueron creando vínculos que difícilmente pueden separarse del propio proceso de reflexión.
Porque una red no se construye únicamente mediante estructuras, proyectos o herramientas. Se construye, sobre todo, desde las relaciones y la confianza entre las personas. Durante aquellos días pudimos poner rostro a muchas realidades de la misión teresiana, compartir inquietudes y esperanzas y experimentar la riqueza que nace cuando hermanas y laicos de culturas, países y responsabilidades diferentes se encuentran desde un mismo carisma y una misma misión.
Desde la Fundación Escuela Teresiana queremos expresar nuestro agradecimiento a la Compañía de Santa Teresa de Jesús por habernos invitado a participar en un espacio de tanta profundidad y calidad, y especialmente a todas las personas que hicieron posible el encuentro y cuidaron su preparación, desarrollo y acompañamiento.
Regresamos de Porto Alegre agradecidos por lo vivido y, al mismo tiempo, comprometidos con el camino que allí comenzó a dibujarse. Nos llevamos aprendizajes, preguntas, vínculos y una conciencia renovada de pertenencia. Sobre todo, nos llevamos la certeza de que los grandes desafíos educativos y sociales de nuestro tiempo difícilmente se pueden afrontar solos.
Somos parte de una misión compartida. Una misión que necesita de otros y otras, que se fortalece cuando se hace red y que encuentra ahora un horizonte común: posibilitar una convivencia transformadora para una vida digna.