Iniciación a la experiencia creyente

Durante los últimos años hemos podido comprobar que la integración de los educadores nuevos en nuestros centros se veía condicionada en gran medida por el perfil de una nueva generación de personas con unos conocimientos y valores que pueden enriquecer la institución, pero con poca o nula experiencia creyente. En este contexto de “Primer Anuncio” en el que estamos inmersos, y si queremos asegurar la continuidad de nuestra identidad como centros católicos y teresianos, consideramos imprescindible poner al servicio de estas personas todo lo necesario para posibilitar tanto el conocimiento como la apertura a una experiencia espiritual, de interioridad, de sentido de trascendencia y en último caso, y el más importante, una experiencia de Dios, que ellos tienen y tendrán que transmitir al alumnado de nuestra escuela.

 

Siendo conscientes de que esta experiencia de Dios es un regalo, un don que recibimos y que no se puede forzar, y ante la dificultad que estamos encontrando para buscar, no solo talento sino también este perfil de persona, sentimos el compromiso de ser nosotros los facilitadores de esta posibilidad de conocer y experimentar la acción de Dios en cada uno de ellos.

 

Por ello, hemos diseñado un segundo encuentro para los participantes de Iniciación 2, que se centra específicamente en el Plan de Interioridad de la Fundación, tanto en el Cuarto de Hora como en el Programa MirarTe, no tanto desde un marco teórico, sino posibilitando unos días de reflexión, experiencia y apertura, desde el conocimiento propio y el conocimiento del modo de Jesús, que debe impregnar nuestra acción educativa para poder discernir también si la escuela teresiana es el lugar donde sienten y quieren desarrollar su vocación educadora.

Contamos con la colaboración de Francisco Javier Zazpe, Agusti Panella y Mª José Hidalgo, que aceptaron la misión de acompañar al grupo y facilitar los contenidos y experiencias que buscamos. No podemos negar que sentimos bastante vértigo ante este reto por lo que supone de “sacar” a estas personas de su zona de confort y abrirles a una experiencia que quizá no habían vivido anteriormente. Pero, una vez evaluada tanto por los facilitadores como por los participantes, consideramos que se produjeron las condiciones, los espacios y los tiempos de reflexión, de discernimiento y de encuentro con Dios que pretendíamos. La apertura de cada uno de ellos a la acción del Espíritu fue diferente en profundidad, pero estamos seguros de que todos volvieron tocados en el corazón de algún modo, y que este encuentro abrió una puerta que esperamos se mantenga abierta en el tiempo y siga iluminando su acción educativa poniendo a Dios en el centro.