
A veces, lo más valioso de una formación no son sólo los contenidos sino el encuentro que se genera: las conversaciones, diálogos, las ideas que prenden en medio de un debate y la energía de sentirse parte de algo más grande. Eso fue precisamente lo que vivimos en la formación “Profundización y Liderazgo Pastoral”, una experiencia que nos ayudó a mirar la Pastoral con nuevos ojos y a redescubrir el valor de caminar juntos desde el carisma teresiano.
Durante las 32 horas de trabajo, repartidas en dos módulos presenciales en Madrid, nos adentramos en una propuesta que combinó reflexión, diálogo y mucha vida compartida para seguir creciendo como equipos de Pastoral en la Escuela Teresiana. A lo largo de estos dos encuentros, pudimos afianzar nuestras competencias personales y profesionales, al mismo tiempo que profundizamos en nuestra identidad creyente y en la misión evangelizadora de nuestro ser educativo.
El primer módulo, celebrado en noviembre, se centró en la escuela como lugar de evangelización y en los retos del liderazgo pastoral en un contexto de primer anuncio. De la mano de Daniel Zurera, Mauge Aranda y Lucía Astiz (equipo permanente de área de Pastoral) y de Juanma Alarcón, reflexionamos sobre la experiencia creyente de nuestros alumnado, profesorado y familias, el papel de la religión en la sociedad de hoy y la importancia de un liderazgo más humano, inspirador y espiritual. Fue muy enriquecedor descubrir cómo los nuevos lenguajes pueden abrir caminos de evangelización.
El segundo módulo nos llevó de lleno a la identidad teresiana como base de la animación pastoral. Lourdes Badenes stj nos acompañó a recorrer el itinerario espiritual del Castillo Interior, invitándonos a reconocernos como sujetos de encuentro y transformadores sociales. Por su parte, Samuel Forcada nos abrió la mirada a la dimensión ecosocial, ayudándonos a comprender los retos de la crisis ambiental y social, y a integrar en nuestras propuestas educativas una visión más transformadora y global. Fue un tiempo para cuestionarnos, para compartir experiencias y para motivarnos a ser agentes de cambio en nuestras comunidades.
Más allá de los contenidos, lo más valioso fue la experiencia compartida: el ambiente de confianza, los diálogos que abrieron nuevas preguntas e inquietudes, y la red de vínculos que se fue tejiendo entre los distintos equipos. La formación no solo nos dio herramientas prácticas, sino que nos animó a mirar la Pastoral con nuevos ojos y a sentir que juntos podemos seguir dando respuesta a los desafíos actuales para una escuela más evangelizadora desde el carisma teresiano.
En definitiva, esta experiencia nos confirmó que el liderazgo pastoral que soñamos tiene la capacidad de transformar nuestras escuelas… y también a nosotros mismos.