Un camino compartido hacia un nuevo modo de liderar

Entre marzo de 2024 y marzo de 2025, los equipos directivos de los colegios de la Fundación Escuela Teresiana hemos vivido un proceso formativo que marca un antes y un después en nuestro modo de mirar y ejercer el liderazgo: la formación conjunta en liderazgo adaptativo y discernimiento carismático.

 

Ha sido y es un camino exigente, pero también profundamente enriquecedor, que nos ha permitido avanzar hacia un modelo de liderazgo más compartido, más consciente y más alineado con la identidad y la misión que nos inspiran como Fundación.

 

A lo largo de cuatro módulos, nos hemos acercado a nuevas maneras de entender el liderazgo, especialmente en un contexto como el actual: cambiante, incierto y lleno de desafíos complejos que como escuela no habíamos enfrentado antes. En este escenario, el liderazgo adaptativo se ha revelado como una herramienta clave para acompañar y sostener nuestras comunidades educativas con mirada amplia, escucha activa y respuestas creativas.

 

Este tipo de liderazgo se basa en tres acciones fundamentales: observar, interpretar e intervenir. Tres verbos que nos han invitado a detenernos, a mirar con más profundidad y a actuar desde una mayor conciencia de la realidad y de las personas con las que caminamos.

La formación no ha sido sólo teórica. Hemos trabajado con herramientas concretas de discernimiento adaptativo y de gestión de polaridades que nos han ayudado a tomar decisiones de forma más colaborativa, integrando la riqueza de miradas y experiencias que cada persona aporta.

 

Un aspecto especialmente valioso ha sido el constante diálogo con nuestra raíz carismática. Enrique de Ossó y Teresa de Jesús han estado muy presentes, no sólo como inspiración espiritual, sino como referentes de un modo de liderar profundamente humano, atento a la realidad y siempre orientado al sentido. Su legado nos sigue iluminando hoy, animándonos a liderar desde el discernimiento, la confianza y la pasión por transformar.

 

Sabemos que este no es un proceso acabado. Es solo un paso más —importante, sí— dentro de un camino mucho más amplio. Avanzar hacia un modelo de liderazgo compartido implica un cambio de cultura, que no se da de un día para otro. Requiere tiempo, compromiso y una voluntad decidida de crecer juntos, en medio de las dificultades, del cansancio y de las urgencias del día a día.

 

En medio de todo eso, seguimos caminando. Porque creemos en un liderazgo que no se impone, sino que acompaña; que no solo gestiona, sino que inspira; que no busca brillar en solitario, sino construir comunidad y hacer camino con otros.

 

Esta formación ha sido una semilla y, como toda semilla, necesita cuidado, seguimiento, y espacio para crecer. Confiamos en que este estilo de liderazgo vaya impregnando nuestras decisiones, nuestros encuentros y nuestra manera de ser y estar en los centros. Porque solo así seguiremos siendo fieles a lo que somos, y a lo que soñamos ser como institución.

 

Como cierre de la acción formativa, el último módulo se desarrolló en la casa de Espiritualidad STJ de Tortosa, lo que nos ha permitido tener una acción de gracias y celebración final en la capilla ante la arqueta de San Enrique, a quien pedimos nos acompañe en nuestra labor diaria en el liderazgo de la Fundación. También hemos podido hacer una breve ruta a los orígenes de San Enrique visitando Vinebre, su pueblo natal, y de forma voluntaria algunos equipos han realizado la ruta de las primeras casas de la STJ en Tarragona.